LA ATENCIÓN Y LAS EMOCIONES

No hay mejor fechas que las vacaciones para comprender el poder tan enorme que tiene la atención sobre nuestras emociones y experiencia. William james, fue un brillante psicólogo de la Universidad de Harvard que decía “mi experiencia es aquello a lo que decido prestar atención”. Esta frase ha cautivado mi interés por diversas razones. La atención es un proceso cognitivo que trabaja seleccionando los estímulos, situaciones o detalles que queremos cobren primacía en nuestra vida. En función del tipo de detalles que ocupen este lugar de preferencia tendremos una serie de emociones u otras distintas. Por ejemplo, si tenemos tendencia a prestar atención solo a todas las tareas que tenemos pendientes en el trabajo, en lugar de centrarnos con serenidad solo en lo que tenemos entre manos, las emociones emergentes probablemente serán de estrés, tensión y angustia. Sin embargo si estamos atendiendo a la tarea presente, mientras que disfrutamos haciéndola bien y exitosamente las emociones emergente tendrán mas relación con concentración, serenidad, y satisfacción personal. Éste cambio evidentemente requiere de entrenamiento pero cuando lo logramos ganamos mucho en calidad de vida. Generalmente nuestra atención no está gobernada por nuestra decisión de atender a algunas situaciones o detalles concretos, sino que ella de forma más o menos libre es la que atiende unos u otros detalles, esto puede repercutir en que desarrollemos una tendencia a sesgar nuestra atención hacia estímulos desagradables, frente a momentos agradables, pues los primeros representar una amenaza y los segundos no. O quizás atendamos más frecuentemente a los problemas, fallos o debilidades, que a nuestros éxitos, fortalezas o cualidades. Esta estrategia sesgada de atención es una de las principales causantes de estados emocionales ansiosos, tristes o estresados. Atender de forma puntual una amenaza hasta tratar de encontrarla una solución, o hasta encontrar una vía de solución o incluso hasta aceptarla cuando no podemos cambiarlo es una cosa, pero el problema es mas serio cuando esta atención a la amenaza se vuelve crónica. Y es lo que en muchas ocasiones ocurre cuando hablamos de una enfermedad como el cáncer. Tras un diagnóstico de cáncer existe un periodo de duelo, por nuestra salud, existe un especie de shock emocional que hace que seamos incapaces de poder pensar en otra cosa, se trata de una respuesta de afrontamiento lógica cuya función es permitir a esa persona aceptar y elaborar el nuevo status quo. El problema es cuando esa rumiación no desaparece ¿qué hacemos entonces?. El entrenamiento atencional (Wells, 2000) es un proceso en el que reeducamos la forma y el tiempo que dedicamos a atender a cada estímulo, situación o detalle que se presenta en nuestra vida, de forma que evitemos convertir en un proceso obsesivo la atención hacia estímulos negativos minando nuestras emociones positivas y nuestra sensación de energía vital. Se trata de vivir cada momento presente con plenitud, y pasar menos tienes en nuestros pensamientos, sobretodo cuando estos se convierten en foco de emociones negativas. Este entrenamiento es especialmente importante cuando atravesamos una situación crítica, o difícil pudiendo llegar a reevaluarla de forma mas positiva y constructiva. Para comenzar ese entrenamiento podemos recurrir a programas de intervención grupales como cursos de Mindfulness, o terapias mas personalizadas e individuales, donde psicólogos con amplia formación en terapias de tercera generación podrán ayudarnos a fomentar un estilo cognitivo más sano y equilibrado. El resultado es que con las misma vida que teníamos antes, nuestra emoción y experiencia se percibe de forma distinta, hay un incremento de las emociones positivas que nos ayudan a sobrellevar mejor los momentos o etapas difíciles. Recuerdo un paciente que tuve en mi consulta. Él llego en un momento de su vida donde acaba de superar un cáncer. Aún así el sentía que dado ese problema de salud su vida no iba a ser larga, y que en cualquier momento el cáncer reaparecería y le vencería, tras unos meses de trabajo personal y entrenamiento atencional fue capaz de despertar a su única realidad : su presente. En él, gracias a la atención al aquí y ahora encontró numerosas oportunidades para vivir intensamente pequeñas cosas que le hacía sentirse bien y que antes pasaban del todo desapercibidas. Dejo de tratar de controlar el futuro a través de la rumiación y de los pensamientos y termino por valorar la superación del cáncer como una segunda oportunidad que la vida le había regalado para vivir su vida realmente cómo siempre había querido hacerlo, rescatando aquello que para él era verdaderamente importante. En las vacaciones nuestra actitud nos ayuda a estar en la búsqueda de estímulos y situaciones placenteras, puestas de sol, baños en el mar, estar cerca de los nuestros…. Os animo a que esa actitud de búsqueda y esa atención orientada al presente, os acompañe el resto del año. Buscarlo en pequeñas cosas, esas cosas tan pequeñas que cuando las saboreamos de forma consciente se hacen enormes para nuestras emociones.